30.7.13

Costillas rotas

Me he roto tantas costillas
como desilusiones
me he llevado en tan sólo 19 primaveras.
                                                                      -imagínense.

Me rompí la primera costilla
cuando intenté 
que por una vez 
fuera el gato quien matara a la curiosidad,
sin haber entendido
que eso jamás podría ser por que la curiosidad
estaba dentro del gato que decidió 
saltar desde el balcón  para ver
si  la encontraba en alguno
de los pisos inferiores.

Mi segunda y tercera costilla 
me las rompí 
cuando me quedé 
sentada en el suelo del salón 
esperando una llamada
que me hiciera oír su voz;
y es que me rompí dos a la vez,
una por esperar la jodida llamada
y otra, por no darme cuenta que mientras esperaba
se me pasaban las 8 estaciones que tenía el año.

La cuarta costilla 
fue cuando me dí cuenta
que su espalda,
su cuello
sus manos
y su pecho
no contaban como estaciones.
Y no veas como dolió entender
que solo habían 4.

La quinta costilla 
fue la que más dolió.
Y no porque fuera la peor de todas
sino porque era la que menos me esperaba.
Y es que jamás pensé,
cuando eché al mar una botella
con un papel que ponía "ayuda",
que fuera a regresar, a mí, la misma botella
con el mismo papel y un posdata que decía
                                                    
                                                           - "si no eres capaz de salvarte tú quién te salvará"

La sexta 
no recuerdo muy bien cómo 
terminó rota
pero la octava
fue al chocarme con la misma pared 
con la que me rompí la séptima costilla,
y créanme cuando les digo
que ahí sigue la jodida pared,
tan intacta y fuerte como la primera vez.

La novena costilla rota
llegó cuando intenté 
hacerme creer que podría vivir 
en una cama ajena sin ser echada.
Y todo fue bien hasta que,
sin entender el por qué, 
me reclamó el hueco de la cama que yo ocupaba
poniendo la excusa 
de que se había hecho demasiado pequeña para los dos.

La décima 
fue cuando reté al tiempo,
estaba claro que iba a perder la batalla
y lo peor no fue eso 
sino que cuando me rompí ésta
decidí consolarme
con copas de vino que terminaron por romperme la undécima.

Y así,
numerando costillas rotas
por causas injustificadas
podría seguir el resto de mi vida
pero he de dejar el recuento aquí
que me toca pegar la vigésima segunda
costilla que me acabo de romper al recordar
los errores del pasado.

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