y que tú dejabas de leer mis versos
para comenzar a leerme entre líneas
y así saber lo que callo cuando escribo.
Y claro, de tanto leerme entre líneas
averiguaste que los domingos me enamoran
sólo cuando ando descalza
sobre la lluvia que cae en mi ventana,
teniendo como único abrigo tu camiseta vieja,
esa que termina donde empieza
la penúltima costura de mi culotte.
Averiguaste también que si pudiera arrancaría
del calendario los meses de Febrero y Mayo
y así de paso me cargaría el día de San Valentín,
ese en el que mientras todos se quieren
yo camino de puntillas por las aceras intentando esquivar el amor repentino
que surge en las parejas y que al día siguiente no será más que otra pelea
por saber quién es el que más grita de la relación.
Supiste leer cuáles eran mis miedos
y que el mayor de todos era el de empezar a querer a alguien
y que por eso salgo corriendo cada vez que siento
que empiezo a querer sin querer,
porque sufrir no está en mis planes de futuro
y lo de rompernos en pedazos no me termina de convencer.
Supiste, gracia al espacio que había entre la línea 6 y 7 del poema,
que siempre sonrío aunque por dentro esté intentando cerrar heridas con parches,
parches que nunca se quedan pegados del todo,
pero que al menos disminuye el dolor por un tiempo indefinido.
Quizás en el próximo sueño me plantee cocer las heridas en vez de taparlas
a ver si así el dolor se va del todo.
Averiguaste que soy de esas que se quedan mirando
como se va quemando poco a poco los cigarros hasta que se convierten en colillas
mientras pienso que la vida es igual de corta
y que muchas veces las malgastamos pensando en cosas serias que nunca sabremos resolver.
Debo decirte que a mí ya se me ha acabado el cigarro y que ahora ando por ahí
intentando aprovechar la vida antes de que se convierta en colilla.
Te espero esta noche en mis sueños
para que sigas leyéndome entre líneas,
no llegues tarde que ya sabes que yo
soy de soñar poco y dormir mucho.
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