no fue una opción.
Llegaste y arrasaste con todo,
me llevaste por delante,
limpiaste las suciedades
que el pasado había dejado en mí.
Abría los ojos y ahí estabas tú,
a mi lado, protegiéndome de los dragones
que un día se convirtieron en mis miedos.
Fuiste tú el que me enseñó a no esconderme bajo la manta,
el que me enseñó que tenía que enfrentarme a ellos.
Sin entender cómo empecé a quererte
aunque no quería reconocerlo
por miedo, no a ti
sino a mí. Miedo de sentir
que otra vez le pertenecía a otra persona que no fuera yo.
Cómo explicarte que mis miradas eran tuyas,
que mi nuca pertenecía a tus besos,
que mi columna se moría por tus manos.
Pero querer es cosa de dos y no de tres.
Que yo no puedo imaginarme compartiendo tus manos con otra persona,
tus besos, tus caricias y hasta tu olor.
Que si de eso se trata, prefiero romperme para más tarde
encontrar a alguien que me una.
Que yo ya he muerto y resucitado de amor
y no estoy dispuesta a morir otra vez que resucitar me lleva unos cuantos meses
o mejor dicho, unos cuantos años.
que hoy, yo, ya no pertenezco a tu juego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario