Y se vuelve a repetir la misma historia,
porque ya lo decía Pereza:
"siempre al final algo falla".
Y falló.
No sé si fueron mis ganas o mis desganas
tu interés o desinterés.
Pero falló.
Tu espalda dejó de ser el columpio
donde me columpiaba todas las mañanas
y tu boca ya no era el precipicio por donde
no me importaría tirarme.
Nos costaba mirarnos pero más nos costaba
el estar en una misma cama, que aunque
pequeña a nosotros se nos hacia gigante.
Que hacer cuando ya no tienes nada más que hacer.
Supongo que nos quedaba llorar y huir, pero
sobre todo llorar.
Llorábamos porque sabíamos que íbamos a perder
lo que tanto nos había costado construir.
Íbamos a perder las mañanas mirando al cielo
blanco de tu habitación, las tardes tumbados en el sofá
haciendonos cosquillas. Íbamos a perder las noches pegados
a la ventana viendo como llovía. Perderíamos mis yo te quiero
y tu yo te quiero más, mis besos para callarte y tus besos para hacerme
hablar. Lo perderías todo y a la vez nada.
Y como si de una cuerda desgastada se tratara se termino rompiendo.
Pero ya lo decía Sabina: "este pez ya no muere por tu boca y
estos ojos no lloran más por ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario