y el eterno se fue con el amor.
Solemos hacer eso, jurar sin medir las consecuencias.
Y es que somos tan torpes que podemos
cometer el mismo error una y otra
y otra vez, y otra vez más.
Si de jurar se trata yo no juro nada,
no soy capaz de cumplir ni la
mitad de los juramentos que digo.
Podría hacerlo, pero para gastar
saliva mejor quedarme callada.
Supongo que podría jurarte
que te bajaré la luna cuando tú me la pidas,
pero es que amor, la luna pesa demasiado y mis
brazos no tienen tanta fuerza.
Podría jurarte, si me lo propongo, que pararé
el tiempo para poder estar juntos para siempre,
pero hay demasiados relojes en el mundo y yo sólo
soy una.
Podría jurarte el oro y el moro
y si me pongo positiva te digo que
el moro puedo conseguirlo el oro
lo veo un poco más difícil.
Y es que la palabra jurar queda demasiado
grande hasta para los gigantes.
Yo sólo te puedo ofrecer un futuro incierto
donde lo importante sea el hoy y no el mañana.
Te puedo ofrecer unos buenos días con la mejor de mi sonrisa,
aunque a veces me pueda el mal humor.
Puedo ofrecerte miles de almuerzos malos,
es que lo de cocinar es un reto que todavía no he superado.
Que yo soy más de ofrecer que de jurar,
ahora te toca a ti decidir si prefieres a otra
que te jure amor eterno hasta mañana.
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