Que mis manos están
acostumbradas a tocar la arena blanca
que rodean a estas islas.
Están acostumbradas a tocar
el agua del atlántico, la misma agua que nos quita
libertad, esa agua que nos quita los sueños.
Que mis manos, hoy,
quieren ser rebeldes y
quieren experimentar cosas nuevas.
Que quieren trepar por tus caderas
para luego llegar a tu barbilla
para luego perderse entre las sábanas.
Que ellas vuelan libres
y no entienden de excusas
sólo entienden de tacto.
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