Dejaste entrar el dolor por la puerta trasera
y sin darnos cuenta se convirtió en nuestra rutina.
En cada abrazo un engaño,
en cada beso una mentira
y en cada mirada un secreto.
Para cuando quisimos darnos cuenta,
nuestra relación no eran más que excusas.
Excusas para nunca estar solos,
excusas para echarle la culpa de nuestros problemas a los demás,
excusas para no querer reconocer que el error era nuestro
y excusas para no entender
que por más que quisiéramos
ya eramos dos seres que no caminaban juntos,
dos seres que debían proseguir el uno sin el otro.
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