18.11.13

Yo soy de letras.

No me habléis de (sus) ángulos 
porque ignoráis que las rectas, en su cuerpo,
se convierten en las más imperfectas y hermosas de las líneas jamás conocidas. 
No me habléis de (sus) ángulos  
porque nadie conoce sus vértices, sus jodidos vértices.
Y es que me he colgado tantas veces de ellos que han dejado de unir dos simples líneas 
para unir mi sonrisa con sus dedos.
No me habléis de (sus) ángulos
si  no conocéis  el punto más alto
de su geometría, y es que no sabéis lo que es sentir el vértigo 
desde ahí, no lo sabéis.

Digamos, 
que somos una de tantas ecuaciones, es decir,
que somos una declaración de amor, 
que muchas veces deriva 
en la más difícil y compleja de las soluciones.
Y es entonces cuando me doy cuenta,
cuando comprendo que somos infinitos por naturaleza.

No sé nada de matemáticas,
pero lo que si sé es que la mayor parte del año
somos figuras abiertas,
con la diferencia de que nuestros puntos finales
si llegan a encontrarse.

Repito, no sé nada de matemáticas,
yo solo entiendo de la suma de dos cuerpos
que se convierten en el exponente que quieren 
cuando se trata de multiplicar la base.

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