Supongamos que llueve fuera
y no en mí.
Supongamos que el sol me alumbra
y no me quema.
Supongamos que sonrío
y no lloro.
Supongamos que ellos siguen con nosotros
y que aún no se han ido.
Supongamos que la muerte desaparece
y no vuelve jamás.
¡Qué difícil es suponer!
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