Y vuelves
como vuelve la lluvia,
dejando huella;
y lo extraño de todo esto es que
nunca
te has ido.
Y vuelves,
proponiéndome hacer del sofá
nuestro nuevo campo de batalla.
Y acepto,
con la única condición de que no valgan los besos en el cuello
como estrategia para ganar.
Tú aceptas,
yo sonrío.
Y vuelves,
pero esta vez con ganas de descubrir
las nuevas estrellas que cubren mi cuerpo,
siendo tú la más fugaz de todas.
Y al final,
siempre terminas despojándome de ellas,
dejando mis miedos al descubierto,
miedos que se van
si tú los miras a los ojos.
Y vuelves,
entendiendo,
por fin,
que no hay mejor carretera para perderse
que las que crean mis uñas en tu espalda.
Y vuelves,
como siempre,
con mil historias que contarme
y una sorpresa por deberme.
Y vuelves.
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