para meterme dentro de un avión
y es que me estoy volviendo una experta en esto de los aeropuertos,
pero soy aún más experta en escribir versos sobre espaldas dormidas,
-y oye desde entonces no he encontrado mejor papel
para escribir lo que escribo.
Otra otra vez estoy viendo a las nubes tapar al sol,
al mar arropar a los peces
y otra vez, yo, me preparo para dormir sola.
Si alguien me preguntara ahora mismo
que dónde está situado este avión
mi respuesta sería
que está lejos del pecho que ha hecho de almohada durante dos semanas,
que está lejos de esa casa a la que muchos llaman cama.
Y he de reconocer que desde que probé su cama
lo de morir me empezó aparecer de idiotas.
No tengo (aún) un nuevo billete de ida
y no sé cuando será la próxima vez que mi cuerpo vuelva
y digo mi cuerpo porque mi mente sigue perdida,
perdida por Sol, por Lavapiés, por los campos verdes que vi
y por Gran Vía.
Estoy buscando a alguien que le explique a mi espalda
que no podrá tener sus masajes hasta dentro de unos meses,
y es que ella no entiende de razones
que ella sólo entiende de tacto.
| atardece en Madrid |
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