Estoy casi segura de que
no me llevo demasiado bien
con eso a lo que todos llaman amor.
Él llega en las noches más oscuras,
cuando ni yo misma se quién soy
y se mete en mi cama.
Comienza desabrochándome el alma
y continua bajando hasta llegar a mis miedos.
Y es en ese justo momento cuando me doy cuenta
de que él se irá a la mañana siguiente
sin decir a dónde, ni cuando volverá.
Hay veces que viene sin ser visto y dura
lo que dura el verano.
Pero hay otras veces,
y estas son las peores, que lo veo venir desde lejos
y ya se que ese amor durará
lo que dura un abrir y cerrar de piernas.
Es curioso porque puedes llegar
a encontrártelo en todas partes,
sin ir más lejos yo me lo encontré esta mañana
mientras me bebía
un cerveza cualquiera
en un lugar cualquiera
de una ciudad cualquiera.
Nunca he mantenido una conversación
con el amor.
Siempre nos miramos a los ojos
y nos quedamos mudos.
He de reconocer que más de una noche
he tenido las ganas de decirle algo
pero nunca me he atrevido por si
decide, de repente, no volver y dejarme sola
en esas noches oscuras.
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