del chico al que nunca conocí,
o al que conozco.
Pero hoy estos versos hablan de ella.
Porque es ella
la que supo plantarle cara a la vida
y ponerle una sonrisa a Tenerife.
Lleva sólo 263 días aquí y en apenas
58 días me deja.
De sus manos salen los versos
que cuentan su vida.
Recorre las calles fijándose
en aquellos pequeños detalles que nadie ve.
Su cámara es parte de ella
y consigue emocionar con sus vídeos
a cualquiera que se lo proponga.
No miento si digo que una parte de mí odia Madrid,
ya que por su culpa la he visto llorar más de una vez.
Aunque por otra parte, es Madrid la culpable
de ver la sonrisa más grande cuando las puertas del aeropuerto se abren.
Es ella la que camina por las calles de esa ciudad,
que tantas alegrías y disgusto le ha dado,
haciéndole cosquillas y devolviéndole su esencia.
Es ella la que camina por las calles de esa ciudad,
que tantas alegrías y disgusto le ha dado,
haciéndole cosquillas y devolviéndole su esencia.
Ella es la única capaz de dar cada día un principio distinto,
la único capaz de romperse antes de irse a medias,
la única que puede ser valiente y puede encontrar, encontrarse y encontrarme.
Es la única que ve un faro, a rayas rojas y blancas, en medio de sus tormentas.
La que intenta explicar qué es el infinito, ignorando que el infinito es ella.
La única capaz de emborracharse con dos cervezas.
Creo que empezaré a odiar el número 27,
como ella dice los números mejor a pares.
Tenerife se quedará sin su sonrisa, sus cosquillas
y sus infinitos.
Los gatos se quedaran sin sus mimos y sus despertares.
Los aviones se quedaran sin sus nervios y sus ganas.
Y yo, aunque no me lo crea,
me quedaré sin mi poeta y mi compañera de viaje.
Aunque he de decir que Murcia ganará una turista.
La que intenta explicar qué es el infinito, ignorando que el infinito es ella.
La única capaz de emborracharse con dos cervezas.
Creo que empezaré a odiar el número 27,
como ella dice los números mejor a pares.
Tenerife se quedará sin su sonrisa, sus cosquillas
y sus infinitos.
Los gatos se quedaran sin sus mimos y sus despertares.
Los aviones se quedaran sin sus nervios y sus ganas.
Y yo, aunque no me lo crea,
me quedaré sin mi poeta y mi compañera de viaje.
Aunque he de decir que Murcia ganará una turista.
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