Abrimos la herida,
metemos el dedo
y aguantamos el dolor,
porque dejar que cicatrice es más fácil y da más miedo.
El problema aparece cuando no eres tú quien metes el dedo en tu cicatriz,
cuando hay otros que lo hacen
y no puedes pararlo porque duele,
porque preferimos el dolor de sabernos completos,
aunque realmente estemos incompletos.
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