que hoy quiero observarte
y decirle a la luna
que no hace falta que nos ilumine,
que mis imperfectos y tus perfectos
mejor a oscuras.
Quiéreme
de la misma manera
que el mar quiere a sus olas,
pero no dejes nunca que rompa
contra ningún acantilado que no seas tú.
Promete un futuro
que se convierta en presente
y me haga olvidar el pasado.
Y yo te prometo que le enseñaré al mundo
que la distancia se mide en ganas
y no en kilómetros.
Luchemos contra las barreras del otro
convirtiéndolas en muros caídos.
Convierte mi felicidad en tu reto,
mis miradas en tu premio
y mi cuerpo en tu lienzo.
Y por último,
aprendamos a eliminar de nuestra lista
los pronombres tú y yo
y empecemos a utilizar el nosotros,
convirtiéndolo en nuestra prioridad.
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